Opinion
EL CRECIMIENTO DEL DINERO Y LA INFLACIÓN EN BOLIVIA
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Luis Fernando Escobar Caba
Lunes, 14 Noviembre, 2016 - 10:23

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Siempre que le pregunto a alguien su opinión acerca de las consecuencias de crear dinero la respuesta es similar: “eso provoca inflación”. Algunos lo explican con otras palabras: “el dinero pierde valor”, “el salario no alcanza para nada”, “aumentan los precios”. Los más osados llegan incluso a mencionar la hiperinflación. Muchos lo dicen con plena seguridad y convencimiento, y otros inseguros dicen: “crea inflación, ¿no?”, como si tuviesen esa idea en la cabeza pero no supiesen explicar por qué lo están diciendo, como si fuese un principio incuestionable.

Cuando era estudiante de colegio, recuerdo que los analistas mencionaban en los medios de comunicación el cuidado que se tenía que tener con la creación de dinero en el sentido de que se genera inflación (pues el pensamiento asociativo nos hace pensar en el periodo hiperinflacionario que Bolivia vivió a principio de los 80’s). Luego en mis años de formación de economista percibí que la idea de “la creación de dinero generaba inflación” era un tópico muy utilizado en la mayoría de las asignaturas. En tal sentido, se tenía que utilizar el principio económico: “Los precios suben cuando el gobierno imprime demasiado dinero”, ¿Esto es una verdad incuestionable?, así también, queda la duda: ¿el crecimiento del dinero genera inflación en Bolivia?

El principio mencionado anteriormente es un tema muy debatido entre los economistas (la controversia fue marcada en la segunda mitad del siglo XX). Por un lado, Friedman (1963) señalaba  que la inflación ‘siempre y en todo lugar’ será un problema monetario, y por el otro, posturas contrarias no lo aceptaban.

Finalmente, el pasado de la economía boliviana evidencia una fuerte relación significativa entre la inflación y las diferentes medidas de la cantidad de dinero. Así por ejemplo, un incremento del 10% en el crecimiento de dinero, se asocia directamente con un aumento generalizado del 6.7% en los precios.

***Economista, Instituto de Investigaciones Económicas ‘José Ortiz Mercado’ UAGRM