Lotear, Parquear, Colapsar, Recaudar

Tomy Pérez Alcoreza

Ya no es sorpresa lo que ocurre en nuestra querida Ciudad Maravilla bajo la gestión actual del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz. Lo que alguna vez fue un intento por ordenar el tránsito urbano, hoy parece convertirse en una muestra más de improvisación y falta de planificación. Varias calles y avenidas muchas de ellas parte de las arterias más importantes de la ciudad— han sido habilitadas como parqueos vehiculares bajo el programa “Parqueo Tarifado, Parqueo para Todos”. Esta medida, lejos de resolver el problema del tráfico y la congestión vehicular, lo ha agravado notoriamente.

La topografía de La Paz impone desafíos naturales: es una ciudad construida entre montañas, con avenidas estrechas y pendientes empinadas. Las principales vías de acceso, que conectan el sur con el norte y el este con el oeste, ya son altamente congestionadas por naturaleza. La habilitación de parqueos sobre estas avenidas y calles adyacentes ha eliminado carriles enteros, generando cuellos de botella, retrasos innecesarios y un colapso en las horas pico.

Uno de los ejemplos más visibles del mal manejo en la planificación urbana es el caso de la Avenida 20 de Octubre, particularmente en la Plaza Abaroa. Allí, la ampliación innecesaria de la vereda peatonal redujo un carril de circulación, generando no solo molestias entre vecinos y conductores, sino también una congestión constante en una de las zonas más transitadas de la ciudad. A esto se suma la instalación de ciclovías en la zona sur, implementadas sin respaldo de estudios técnicos serios, y que hoy se encuentran subutilizadas. Esta medida también sacrificó un carril de circulación vehicular, agravando el problema en lugar de resolverlo. Estas decisiones, lejos de responder a una estrategia integral de movilidad, evidencian una preocupante desconexión entre las políticas municipales y las necesidades reales de la población paceña.

El ordenamiento vehicular no puede limitarse a medidas aisladas como las restricciones por número de placa, ni mucho menos apostar por el uso del automóvil particular habilitando parqueos tarifados en avenidas de alta circulación. Esta política contradice los principios básicos de una ciudad moderna, donde la prioridad debería estar en promover un transporte público eficiente, accesible y ordenado. Incentivar la permanencia de vehículos privados en arterias congestionadas no solo agrava el caos vehicular, sino que posterga la construcción de soluciones sostenibles que privilegien la movilidad colectiva y reduzcan el impacto ambiental y social del tráfico.

La lógica detrás de estas medidas parece más enfocada en recaudar ingresos mediante tarifas de parqueo, que en implementar soluciones reales al caos vehicular. Esta visión cortoplacista no toma en cuenta el impacto en la movilidad urbana, ni el tiempo que pierden miles de ciudadanos atrapados cada día en embotellamientos que podrían haberse evitado.

La ciudad necesita soluciones estructurales, sostenibles y con una visión integral de desarrollo urbano. No podemos seguir sacrificando nuestras calles y avenidas bajo la excusa de una falsa inclusión vial. El ordenamiento del tráfico debe considerar al peatón, al ciclista, al transporte público y también, pero no exclusivamente, al conductor particular.

La ciudadanía merece una gestión que piense en todos y no solo en medidas decorativas que no resuelven el problema de fondo. La Paz necesita planificación con sentido común, con criterio técnico y, sobre todo, con visión a largo plazo. Porque cada minuto perdido en el tráfico también es una pérdida de calidad de vida, de productividad y de confianza en sus autoridades.