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¿Presencia en medio de ausencia? El medioambiente en disputa en las elecciones subnacionales de Bolivia 2026

AGENCIA DE NOTICIAS AMBIENTALES

Esencial, pero nunca considerada prioridad. La Paz se descuelga por laderas que tiemblan en temporada de lluvias; El Alto se expande sobre una planicie que parece infinita, pero donde la acumulación de residuos dibuja nuevos límites invisibles. En ambas, el medioambiente no es un concepto técnico: es una experiencia diaria.

Las elecciones subnacionales de 2026 llegan en ese escenario. No como un evento aislado, sino como una pausa en medio de procesos más largos: el avance de la mancha urbana, la presión sobre los recursos, la transformación silenciosa de los ecosistemas. La pregunta ambiental, entonces, no es si está presente en la campaña, sino cómo aparece.

A veces lo hace de forma directa: en la promesa de plantas de tratamiento, de energías limpias o de restauración ecológica. Otras veces se oculta bajo el lenguaje del desarrollo, de la infraestructura o del progreso. Y, en algunos casos, simplemente no aparece.

Este reportaje recorre esas presencias y ausencias. No busca jerarquizar propuestas, sino observarlas como síntomas de una época: una en la que el medioambiente se reconoce como problema, pero aún no siempre como prioridad.

Gobernar el territorio: entre la tierra, el agua y el oro

A nivel departamental, el medioambiente adquiere otra escala. Ya no se trata solo de calles o barrios, sino de cuencas, montañas y sistemas productivos que atraviesan regiones enteras.

En ese plano, el denominador común es la regulación de la minería, la delimitación de zonas de explotación y la restauración de áreas intervenidas. El territorio aparece como un espacio que debe ser ordenado para evitar que la riqueza natural se convierta en deterioro irreversible.

Sin embargo, otras propuestas se apoyan en la infraestructura: represas que contengan el agua cuando escasea, plantas solares que capturen la energía de un sol persistente en el altiplano. Aquí, el medioambiente es visto como un sistema que puede ser gestionado mediante obras, como si la técnica pudiera anticiparse al riesgo.

Hay también miradas que intentan ir más allá: la restauración de ecosistemas degradados, el monitoreo permanente de los recursos y la participación de comunidades en la vigilancia ambiental.


Minería: una de las principales problemáticas ambientales a solucionar. Créditos Radio Luis de Fuentes

El ex alcalde de La Paz Luis Revilla propone una gestión ambiental articulada desde lo metropolitano, con énfasis en plantas regionales de tratamiento de residuos sólidos y coordinación intermunicipal. Su enfoque incorpora también el impulso de energías limpias y la planificación territorial, donde el medioambiente se integra como parte de una gobernanza más amplia.

Félix Patzi, por otra parte, plantea una agenda centrada en infraestructura hídrica y energética, con la construcción de represas para garantizar agua frente a sequías y la implementación de energía solar. A esto se suma la industrialización de residuos, en una visión donde el medioambiente se vincula estrechamente con el desarrollo productivo.

En una línea más ecológica, Santos Quispe, actual gobernador introduce propuestas de restauración de ecosistemas degradados, protección de bofedales y monitoreo ambiental. Su planteamiento incorpora además economía circular y participación comunitaria, sugiriendo una mirada más integral del medioambiente como sistema vivo.

En contraste, Kurt Reintsch enfoca su propuesta en la regulación de la actividad minera, con delimitación de áreas de explotación y exigencias de reforestación. Su discurso busca equilibrar producción y control ambiental en un contexto donde la minería sigue siendo un eje central de la economía departamental.

Andrés Gómez, finalmente, prioriza la defensa de los ríos, especialmente en regiones afectadas por la minería aurífera. Su propuesta incluye controles más estrictos al uso de mercurio, sanciones a la minería ilegal y el impulso de producción agrícola sostenible, vinculando la protección ambiental con el desarrollo local.

En este punto, la discusión trasciende la campaña y se instala en la gestión misma del territorio. Para Zoraida Tapia, coordinadora nacional de la Red de Recicladores de Bolivia (Redcicla), la minería no es solo una actividad económica, sino una frontera crítica. En el departamento de La Paz, epicentro de la extracción aurífera, persiste un vacío: regalías que no se reportan, operaciones que escapan al control estatal, circuitos informales que se expanden en la sombra. Frente a ello, plantea la necesidad de una fiscalización más rigurosa, capaz de identificar y regular a quienes operan sin licencia. Pero hay una preocupación que atraviesa todas las demás: el mercurio. Su uso, extendido en la minería del oro, no solo contamina los ríos, sino que amenaza la salud y la seguridad alimentaria de poblaciones enteras. De ahí la urgencia, señala, de implementar planes de control con respaldo técnico, acompañados de procesos de concientización que alcancen tanto a cooperativistas como a actores externos que recorren, sin pausa, la llamada ruta del oro.

A pesar de estos matices, la tensión persiste. El desarrollo económico y la protección ambiental aparecen entrelazados, pero no siempre en equilibrio.

El Alto: la ciudad donde la basura habla

La urbe alteña, un espacio clave y altamente disputado en esta contienda electoral, tiene un rostro ambiental concreto. Aquí, la solución no es el bosque ni el río distante: es la basura.

Montañas de residuos crecen al ritmo de la ciudad. Botaderos que se expanden sin planificación suficiente. La mayoría de las propuestas convergen en una misma idea: transformar ese problema en oportunidad.


La industrialización de residuos sólidos protagoniza la contienda electoral. Créditos: Tierraplus

En ese escenario, Eliser Roca plantea industrializar los residuos mediante plantas recicladoras y sistemas de acopio, acompañados de campañas de educación ambiental. Su propuesta se complementa con la creación de un parque metropolitano, introduciendo el tema de áreas verdes en una ciudad con déficit histórico en este ámbito.

En una línea similar, el ex mayor de la Policía, David Vargas propone convertir la basura en energía o recursos reutilizables, integrando este proceso en una visión de desarrollo económico. A ello suma medidas indirectas como el uso de tecnología para mejorar el transporte urbano y la creación de parques.

El ex vocal del Tribunal Supremo Electoral Tahuichi Tahuichi Quispe incorpora la industrialización de residuos dentro de una narrativa más amplia de ciudad tecnológica e industrial. En su propuesta, el medioambiente aparece subordinado a la innovación, como un campo donde la tecnología permitiría modernizar la gestión urbana.

En contraste, Freddy Mamani presenta una agenda donde el medioambiente no ocupa un lugar central. Sus propuestas se concentran en la recuperación urbana, el turismo y el desarrollo económico, donde la mejora del espacio público se convierte en el principal punto de contacto con lo ambiental.

Néstor Yujra también apuesta por la transformación de residuos en recursos, vinculando esta estrategia con la creación de un polo de desarrollo económico. Su enfoque refuerza la idea de que la gestión ambiental puede ser un motor productivo, más que un límite al crecimiento.

En torno a esta coincidencia discursiva, la sociedad civil introduce matices que desdibujan la aparente novedad. Zoraida Tapia observa que la “industrialización de la basura” se ha convertido en una consigna recurrente desde el 2025, repetida como promesa de modernidad. Pero advierte que no es un punto de partida, sino un proceso en marcha. Desde ese año, recuerda, ya existen avances concretos en la transformación de residuos, impulsados con apoyo internacional —Suecia, Helvetas, Soboce— que han comenzado a intervenir, especialmente en el tratamiento de residuos orgánicos. Más allá del discurso, sostiene, el desafío es otro: consolidar lo iniciado y, sobre todo, incorporar aquello que no siempre se nombra. La educación ambiental, ese componente silencioso, sin el cual la participación ciudadana se diluye y el esfuerzo colectivo queda incompleto.

Más allá de estas propuestas, otros temas permanecen en silencio. El agua, el aire y el cambio climático no ocupan un lugar central. La basura absorbe la agenda, condensando una paradoja evidente.

La Paz: entre el vértigo y la planificación

En la ciudad maravilla, el medioambiente se manifiesta de otra manera. Aquí, el riesgo no se acumula: se desliza.


La estabilización urbana en el centro de las propuestas electorales. Créditos: Construmarket.

No es casual que el exgerente ejecutivo de “Mi Teleférico” César Dockweiler proponga una planificación a largo plazo con su visión de ciudad hacia 2050, incorporando gestión de riesgos, transporte eléctrico y coordinación metropolitana.

El exrector de la Universidad Mayor de San Andrés Waldo Albarracín enfatiza el ordenamiento territorial y la actualización del atlas de riesgos, planteando controles al crecimiento urbano en zonas vulnerables.

Por su parte, el concejal y candidato a la alcaldía Óscar Sogliano presenta medidas concretas en movilidad y espacio público, como el reordenamiento vehicular, la incorporación de buses menos contaminantes y la recuperación de áreas verdes, además de políticas de control de fauna callejera.

En una línea de continuidad, Iván Arias, actual alcalde del municipio, apuesta por profundizar proyectos de movilidad sostenible como el transporte eléctrico y plantea nuevas infraestructuras como un tren elevado. Su agenda incorpora además programas de resiliencia urbana frente a eventos climáticos.

Finalmente, Jhonny Plata presenta una propuesta donde el medioambiente aparece de forma implícita, vinculado al ordenamiento urbano y la gestión municipal. No se identifican políticas ambientales específicas, lo que marca una diferencia respecto a otros candidatos.

En este escenario urbano, donde la tierra cede y la ciudad insiste en expandirse, Tapia traza una jerarquía que atraviesa no solo a La Paz, sino a todo el departamento. No se trata de prioridades aisladas, sino de un orden que revela urgencias. Primero, el agua y el saneamiento en las cuencas, ese origen invisible del que depende la vida cotidiana. Luego, los residuos, en tránsito desde botaderos hacia horizontes de economía circular y reciclaje inclusivo. Y, finalmente, la gestión de riesgos: ese territorio olvidado que, sin embargo, se manifiesta con violencia en cada deslizamiento o inundación, recordando que la prevención sigue siendo una deuda pendiente.

En conjunto, las propuestas en La Paz giran en torno a tres ejes: movilidad, riesgos y planificación, dejando en segundo plano otros componentes ambientales.


Región Metropolitana de La Paz. Mapa: GAMLP

Asistir a las urnas también es elegir un paisaje

Las propuestas analizadas muestran coincidencias, pero también límites. El medioambiente está presente, pero rara vez como eje principal. Aparece fragmentado: en la basura, en el transporte, en la minería, en los riesgos. Pocas veces como una visión integral.

Y, sin embargo, el contexto exige esa integralidad. Lo ambiental deja de ser un tema sectorial para convertirse en una condición de todo lo demás.

La votación no solo definirá autoridades. Definirá también qué tipo de relación se establecerá con el entorno: una basada en la corrección de problemas puntuales o una que intente anticiparlos; una que vea en la naturaleza un recurso o una que la reconozca como sistema.

Entre montañas que se mueven y planicies que se llenan, la decisión ciudadana se vuelve, inevitablemente, una decisión sobre el futuro del territorio. Porque, en estas elecciones subnacionales, lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino cómo se habitará el lugar donde esa vida ocurre.

Agenda Ambiental Metropolitana es una iniciativa de la Agencia de Noticias Ambientales, RedCom y Solidar Suiza.
Estos Reportajes están a favor de la consolidación de la democracia boliviana y no está a favor de ninguna candidatura o posición partidaria.

/ANA/