Opinion

TARANO, UN HEROE DESCONOCIDO
Río Abajo
Pablo Cingolani
Lunes, 6 Mayo, 2013 - 12:04

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La historia siempre será un ámbito de controversia y de combates. Dijo con relación a ella, a propósito de esa pueblada que se llamó “El Cordobazo” en 1969, el escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh –asesinado por los militares en 1977- que “nuestras clases dominantes han procurado siempre que los humildes no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe comenzar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.”. El motivo lo explicó así: “La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Con esa verdad en el corazón, quisiéramos recordar a Tarano, el gran cacique de los Toromonas, el gran cacique de la selva norte, la que ahora ocupan el departamento de Pando y la provincia Iturralde del departamento de La Paz, y la guerra de guerrillas que libró contra las tropas militares que arribaron desde España y desde el Cusco en la segunda mitad del siglo XVI, comandadas, entre otros, por el adelantado Juan Álvarez de Maldonado.

Fue la primera invasión extranjera en regla a nuestras selvas (1567-1569). Fue la primera resistencia anticolonial a mano armada en la Amazonía.

No sabemos qué rostro tenía Tarano, aunque podemos adivinarlo viendo los rasgos de algún hermano Tacana. Lo cierto es que a los forasteros de armadura y yelmo los sacudió a flechazos. Los mareó peor que un meandro del Manutata (hoy conocido como Río Madre de Dios) y los siguió sacudiendo a flechazos, acaudillando a sus guerreros toromonas y a los aliados Araonas, armando una confederación militar de lengua tacana.

Cosas de hechicería bélica: tras tanto castigo y derrota, las botas de los peninsulares no volvieron a pisar la selva por tres siglos. Los españoles no pudieron fundar ninguna ciudad en esa parte de la Amazonía. Los pueblos de la selva defendieron y conservaron su libertad y su autodeterminación.

Álvarez de Maldonado reconoció en sus memorias que a los flecheros era imposible vencerlos y que fue “una guerra cruel” la que tuvo que enfrentar. Pero fue su culpa por querer conquistarlos e imponerles su dominio.

“La tierra toda estaba alzada”, anotó Maldonado en su relación de los sucesos que tuvo que padecer. La tierra toda estaba alzada: una verdad tan bella, así dicha, que hasta hoy se escuchan sus ecos. El recién llegado nunca pudo entender tanto ardor en la defensa del territorio, ya que siempre creyó que sujetaría a esos pueblos como un resucitado Pizarro.

No fue así, los ataques de los resistentes en defensa de la selva no cesaban al paso de los invasores, los testimonios son muy elocuentes: “estaban emboscados en el monte, hicieron grandísima multitud de flechas de fuego con mechas de algodón encendido, y, como al medio día, de súbito, arremetieron todos los indios al galpón con mucha presteza, y echaron sobre la techumbre muchas flechas ardiendo (…) luego que quemaron el pueblo, se retiraron en buena orden a la montaña, desde donde salían ordinariamente a hacer saltos y poner cerco sobre los españoles”. Toda una guerra de guerrillas que acabó con las intenciones hispanas de lograr asentarse en la zona. Un Vietnam del siglo XVI en medio de la floresta más grande del planeta. Una historia oculta de victoria y de justicia. Una historia de dignidad arrasadora.

Tarano fue un héroe, un líder, un estratega y un guerrero sin par. Se emparenta con los rebeldes de los Andes del siglo XVIII y con los guerrilleros de las “Republiquetas”, aquellos que mantuvieron viva la llama de la Independencia y sin cuyo valor y esfuerzo no hubiera nacido Bolivia en 1825.

Tarano se merece un lugar de honor y gloria no sólo en la historia de la Amazonía, de Bolivia y de la Plurinación, sino también en la historia del continente americano que defendió con coraje y decisión.