Social
Aulas improvisadas y en una casucha
Educación especial en ruinas y una solución a largo plazo
Ilustración captura de pantalla.

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Jueves, 11 Enero, 2018 - 17:08

Por Malkya Tudela

Si se tiene una única escuela pública para ciegos en el municipio, su ubicación puede ser determinante para sus estudiantes, incluso para decidir si continuar o suspender su educación. A Rosa le pasa algo así, ella tiene 24 años y este 2017 cursa la primaria en una escuela nocturna para adultos. Sus tareas y ejercicios los escribe en Braille, pero debe ir con regularidad a APRECIA para reforzar su educación y que allí traduzcan sus prácticas a escritura en tinta para la escuela nocturna.

“Es muy lejos venir aquí. No quiero venir, ya no quiero ir al cole tampoco, la profe no me entiende lo que escribo en Braille, sí o sí tenemos que venir aquí. Ella (profesora) quiere leer con sus ojos, no quiere que yo se lo lea pues”, dice Rosa, abandonando por un momento la escritura con su regleta y punzón.

Cuando el dueño del local donde funcionaba APRECIA decidió vender su propiedad en mitad de la gestión escolar, los maestros, estudiantes y madres de familia salieron a protestar pero al final no tuvieron otra opción que agarrar sus pertrechos y buscar otro, entre comillas, establecimiento. Se acomodaron en la planta baja de una casona cerca del mercado Rodríguez hasta donde paradójicamente les es más difícil llegar.

En junio, toda la comunidad de APRECIA salió a protestar al verse frente a la amenaza de quedar sin un establecimiento, semanas después el alcalde Luis Revilla visitó la escuela para comprometerse a un proyecto de grandes magnitudes, meses después la enseñanza en APRECIA funciona en aulas improvisadas y en una casucha enclenque. 

Rosa viene semanalmente desde Viacha, permanece interna de lunes a viernes en el Centro de Rehabilitación Santa Cecilia,  en la avenida Armentia, y cada día atraviesa el caótico centro de la ciudad del brazo de sus compañeras Nancy y Genoveva para llegar a APRECIA.

Adela Machaca es una de tres maestros que dan apoyo educativo a estudiantes adultos y/o que están cursando en educación superior, eso incluye transcribir en tinta las tareas y prácticas escritas en Braille por los estudiantes.

“La atención es individualizada, (pero) el tiempo no nos alcanza para transcribir toda la tarea para que la profesora pueda ver”, dice Machaca. Ya capacitaron a muchos maestros en Braille pero el cambio de destinos hace que siempre haya profesores no entrenados en ese código.

El problema se agrava cuando cinco o seis estudiantes deben trabajar en una habitación de 2x3 metros con la maestra o en una casucha con techo de calamina, que en tiempo de lluvias hace imposible la concentración, por el ruido y las goteras.

Sin infraestructura propia

En el municipio se dice que el director de la Unidad de Educación de la Alcaldía de La Paz, Carlos Sotomayor, maneja una cartera de proyectos para los centros de educación especial. Él prefiere derivar esa explicación a uno de sus subalternos, pero el designado Yecid Coyo, técnico de la Unidad de Gestión Educativa y Servicios Pedagógicos, se excusa porque simplemente no tiene esos datos.

Sotomayor también es esquivo con los directores de APRECIA y del Centro “Huascar Cajías”, quienes han ido varias veces a esperarlo a su oficina sin éxito. Los directores dicen lo mismo que Coyo: el municipio está en proceso de identificar un terreno y luego, tal vez el próximo año, hará una proyección para una infraestructura que aglutine a todos los centros actualmente dispersos por la ciudad.

Lo seguro es que el proyecto de un “centro de formación para personas con capacidades diferenciadas” está en el largo plazo del Plan Integral La Paz 2040. 

Eso implica que el próximo año los estudiantes y participantes de estos centros continuarán tratando de educarse en casuchas de techo de calamina, aulas estrechas sin iluminación ni ventilación y la amenaza permanente de un dueño de casa que tenga mejores planes para su propiedad.

El tiempo y las distancias son determinantes para Rosa que, apoyada en el bono anual para personas no videntes, ha dejado a sus tres hermanos menores en Viacha, sin custodia, mientras estudia en La Paz. Nancy y Genoveva son menos pesimistas, pero de ninguna manera se subirán a un minibús para acercarse siquiera a la escuela porque temen perderse en la ciudad si el chofer olvida, como suele suceder, anunciarles la llegada a su destino.

Para mayor detalle, visitar: 

https://app-social.shorthand.com/preview/2fUhpPaavjjyPVqp6HHmunguUqp6aHpu3Cx8Ev6rHvun218qz6aDmjnyAUMzerDm

Publicado por PIEB

Erbol en respaldo al periodismo de investigación

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