Internacional
Inédita escalada armamentista
Trump sube su presupuesto militar a $us 54.000 millones
Donal Trump quiere generar trabajar a costa de la guerra. Foto/El País

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Lunes, 27 Febrero, 2017 - 12:59

El presidente Donald Trump ha ordenado a su Administración que prepare un presupuesto basado en un incremento de 54.000 millones de dólares (9%) en los gastos de defensa. La subida de esta partida la compensará con drásticos recortes en medioambiente y en ayuda exterior. Un tijeretazo que evita tocar los dos centros de gasto políticamente más explosivos, pensiones y asistencia sanitaria, pero que muestra que Trump está dispuesto a la escalada militar para hacer cumplir sus sueños de grandeza. “Tenemos que empezar a ganar guerras otra vez”, clamó Trump.

Trump nunca lo ha ocultado. Es un halcón y quiere recuperar la primacía militar de Estados Unidos. “Antes decíamos que Estados Unidos jamás perdía una guerra, ahora no ganamos ninguna. Llevamos 17 años luchando en Oriente Próximo, hemos gastado seis billones de dólares y es inaceptable. Ahora estamos peor que nunca”, dijo hoy.

A tal fin, los acuerdos del pasado le importan poco. Incluso los más espinosos. Ha despreciado públicamente el tratado de limitación de armas nucleares y anunciado su deseo de ampliar el arsenal atómico. “Soy el primero que querría ver al mundo sin armas, pero no podemos quedarnos por detrás de ningún país, aunque sea amigo. Nosotros tenemos que estar a la cabeza de la manada”, ha declarado.

Para Trump, esta escalada militar no es sólo una forma de patriotismo. El multimillonario republicano siempre la ha vinculado a la prosperidad económica. “Reforzar el sector militar es barato si uno considera la alternativa. Estamos comprando paz y afianzando nuestra seguridad nacional. Además es un buen negocio. ¿Quién construirá los aviones y barcos? Trabajadores americanos”, ha escrito.

Patria, cañones y empleos. El triángulo sobre el que descansa la apuesta de Trump ha sido uno de sus principales promesas electorales. Y ahora, con la orden ejecutiva, quiere cumplirlas. Para ello ha ordenado a sus agencias federales que empiecen a trabajar en un modelo de presupuesto que satisfaga sus deseos. La primera propuesta no estará lista hasta mediados de marzo. Luego tendrá que ser negociada con las agencias afectadas y entrar en el Capitolio. Un espacio de mayoría republicana, pero donde todo es sometido a la presión de los más variopintos intereses parlamentarios. Será entonces cuando Trump, que hasta ahora ha gobernado bajo el impulso de las órdenes ejecutivas, tenga que hacer frente a su primera gran batalla legislativa.

En esa arena se verá su capacidad de liderazgo del bando republicano y también el alcance de sus sueños. En principio, lo que ofrece el presidente es atractivo para los conservadores. Al aumento del presupuesto militar le quiere añade una bajada general de impuestos, el desmantelamiento de la reforma sanitaria (Obamacare) y una desregulación financiera intensa.

La partitura gusta a la mayoría, pero su instrumentación puede ser explosiva. Es el caso del Obamacare. Odiado por Trump y los suyos, la promesa de eliminarlo nada más llegar a la Casa Blanca ha quedado congelada. La constatación de que su supresión afectaría a 22 millones de personas y dispararía el déficit fiscal en 353.000 millones de dólares en 10 años ha puesto freno a la demolición y dado paso a la búsqueda de alternativas racionales.

La construcción del presupuesto pasará un proceso similar. Será lenta y desactivante, pero en el corto plazo Trump ha emitido una señal clara. Es alguien que cumple sus promesas y que mantiene su capacidad disruptiva. Ese es el impacto que han buscado los autores del plan: el director de la Oficina Presupuestaria, Mick Mulvaney; el director de Consejo Económico Nacional, Gary Cohn, y el estratega jefe de la Casa Blanca, Stephen Bannon.

Que cale este mensaje es importante para alguien que ha entrado en barrena en sus relaciones con la prensa y que tiene a las encuestas en contra. Trump y sus consejeros quieren superar los filtros mediáticos y alcanzar directamente al electorado. La conversión de los primeros momentos de trabajos presupuestarios en una declaración política potente atiende a tal fin. Y también adelanta sus planteamientos ante el discurso del Estado de la Unión mañana en la noche. En la intervención, la primera donde el presidente se enfrenta a la Cámaras, deberá mostrar a senadores y congresistas qué futuro quiere para Estados Unidos. De momento, ha optado por las armas y el ruido.

TOMADO DE EL PAIS

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