¿Usted, qué opina?
Volviendo a la hoguera de la Inquisición
Alvaro Puente Calvo
06/10/2008
La semana pasada hemos presenciado asqueados un espectáculo espeluznante. En la calle, un ciudadano compartía tranquilamente con sus amigos. Primero se acercó amenazante una mujer a insultarlo, a gritarle, a expulsarlo de nuestras calles. Luego aparecieron las mismas hordas que hace unas semanas habían asaltado mil oficinas y por encima de la gente que lo quería impedir, por encima de los llamados a la cordura, lo golpearon.
Lo cuento porque me enervó y porque sucede en nuestra patria en todas partes y en todos los ámbitos y tenemos la obligación imperiosa de detener esta corriente salvaje. En Sucre, hace unos meses, golpearon y humillaron a campesinos, porque son campesinos, porque tienen la esperanza de que el gobierno cambie su pobreza. Hace pocos días, en la plaza principal cruceña abofetearon a un ciudadano porque había opinado en un canal como a él le parecía. A otros han despedido de su trabajo por tener ideas políticas. Al amigo que les cuento hoy lo expulsan de la sociedad y de nuestras calles porque había apoyado al MAS en un alto cargo. Para él fue un difícil servicio a la patria.
¿Qué le parece? En todo el mundo la gente piensa de maneras diferentes. En todos los países del mundo hay partidos políticos diferentes y opuestos. En todo el mundo hay religiones distintas. Y en todo el mundo debemos convivir civilizada y pacíficamente aunque seamos diferentes y aunque pensemos de distinta manera. ¿Por qué aquí hay quienes se sienten dueños y jueces de la verdad? ¿Con qué derecho se atreven a decir cómo hay que pensar? ¿Con qué derecho ellos deciden quiénes se quedan y quiénes se van?
El derecho más bello y más grande que tenemos es el de pensar y el segundo derecho más sagrado es el de actuar consecuentemente con nuestras ideas, el derecho a amar lo que soñamos y a conseguirlo, el derecho a ser como somos y no tener por qué esconderlo.
Nuestros dirigentes cruceños, en su lucha política, han desatado una ola de violencia y de intolerancia que ha destrozado nuestros derechos más profundos y ha hecho imposible la convivencia normal. Se ha sembrado la semilla de la muerte de la misma sociedad. Se ha azuzado la más primitiva intolerancia y ahora son demasiadas las bestias dispuestas a volver a los tiempos de la Inquisición y a quemar en la hoguera a los que no piensan como ellos. Dirigentes y agresores debían darse cuenta de que estos ejércitos absolutistas e intolerantes, que estas actitudes, son los que han desprestigiado ante el mundo sus ideas y sus banderas. Esta violencia irracional es la que ha llevado a la nada las batallas que habían emprendido. Estas actitudes y estas acciones han terminado en otros países ante tribunales internacionales, porque toda la humanidad se estremece cuando ve agonizar la libertad y cuando ve sufrir salvajemente a personas.
No sé si está de acuerdo. Yo creo que, aunque les parezca una herejía, aunque nos masacren, tenemos que defender hasta lo último nuestro derecho y el de todos a ser libres, a pensar, a amar, a soñar como pensamos, como amamos, como soñamos. Aunque cueste, tenemos que hacer descubrir a todos que lo más importante de nuestra patria y de nuestra región son las personas. |